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Extraños en un tren

Me encanta viajar en tren desde que lo utilizaba para ir a la facultad de derecho de Jerez. En ocasiones alcanzaba mi vagón a duras penas, a la carrera, salvando el tramo que iba de la plaza del Mamelón a la estación de RENFE, pero una vez dentro hallaba la paz necesaria para escuchar música en el walk-man (eso que un profesor con ínfulas de poetisa denominó "música para egoístas") o para leer mi último libro. Aún hoy, cuando tengo que hacer un viaje no excesivamente largo (o sea, hasta Madrid) prefiero utilizar el Alvia o el AVE por la comodidad que supone para alguien de considerable tamaño como yo, en contraposición con la sensación de oclusión que uno sufre en según qué vuelos de según qué compañías aéreas. Cierto es, por comodidad, pero también por la tranquilidad. Afrontar un viaje a Madrid en tren supone robarle cuatro horas, como mínimo, a la rutina diaria. Cuesta menos, por tanto, encajarse en la capital para defender un juicio, si en el trayecto puedo corregir el guión del musical infantil "Chiclana Canta", que se estrenará en el Teatro Moderno de dicha ciudad el próximo 18 de mayo, o leer un poco de Estrómboli, el cuaderno de relatos que con tan bella manufactura le ha editado Impedimenta a Jon Bilbao.




Pero, además, otro de los atractivos que me ofrece viajar en tren es la gente con la que te encuentras. En mi último viaje coincidí en las escaleras que bajan al andén de la estación de Bahía Sur con Juan Antonio Delgado Ramos, el diputado isleño de Podemos; guardia civil de profesión y sindicalista clandestino de vocación. Habíamos hablado ya en varias ocasiones y tenemos buena sintonía. "Obama", como lo llamaba un superior, iba a la diputación permanente y aunque estábamos en vagones distintos, concertamos cita en la cafetería, donde una chica rubísima con los labios rojísimos nos puso una infusión en vaso de cartón.


Tras ponernos al día rápidamente, Juan Antonio y yo hablamos de Pablo Iglesias. Él le tiene gran respeto y admiración; vamos, igualito que yo. Pero en lo que estamos totalmente de acuerdo Delgado y yo es en el gravísimo escándalo democrático que supone la presunta (siempre presunta) utilización política de los mecanismos y fondos del Estado con el objeto de destruir y erradicar al rival. Y no me refiero únicamente a la última información -aparecida casualmente ahora que hay elecciones- sobre el espionaje y/o intento de chantaje a Pablo Iglesias, sino al actuar delictivo que algunos personajes mafiosos han venido ejerciendo, amparados por el poder político, desde los tiempos de Felipe González y ese tal "Señor X" del que usted me habla.


Delgado estará cuatro años más ejerciendo como diputado y dando lecciones en las comisiones de Defensa e Interior. Me alegro porque este isleño que quizá fuera un buen alcaldable de su ciudad en 2023, va siempre de cara, algo raro en política; precisamente lo que me aleja de la misma. No en vano, Juan Antonio y yo somos dos extraños en un tren, aunque compartamos tanto

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