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  • Montiel de Arnáiz

Tanto en mis textos literarios como en mis artículos de opinión me he mojado y posicionado siempre

(Diario de Sevilla) Enrique Montiel de Arnáiz (Cádiz, 1977) vuelve al terreno de los cuentos con su libro «El mordisco de Tyson y otros relatos» (Apache Libros), un conjunto de trece historias que destacan, fundamentalmente, por un tono experimental no exento de humor.

Este nuevo libro de relatos está escrito años después de «Bulerías nazis». ¿Qué evolución ha habido entre esos cuentos iniciales y los que ahora han visto la luz?

La progresión creo que ha sido notable. «Bulerías Nazis» fue un libro transgresor pero había en su interior relatos más maduros o de más calidad que otros. En «El mordisco de Tyson» la media de todos los relatos es superior, creo que están mej

or escritos y siguen siendo igual de arriesgados, por lo que la evolución es positiva.

¿Por qué siente esa gran fascinación por el personaje de Mike Tyson?

Para mí Tyson era el boxeador total y si no llegó a más fue por sus propias circunstancias y limitaciones personales. Era una fuerza de la naturaleza no exento de técnica, arrojo y capacidad de sufrimiento y superación. Se habla mucho de las muñecas rotas de Hollywood pero creo que «Iron» Mike podría ser el epítome de una sección de muñecos rotos del deporte USA.

«Lo fácil es escribir como todo el mundo hace, narrar sin asumir riesgos»

Tengo entendido que ha tenido que leer muchas crónicas sobre ese famoso combate contra Holyfield.

Efectivamente, para preparar este relato al modo de una crónica periodística busqué el combate en internet y lo vi en numerosas ocasiones, tanto en español como en inglés, realizando la traducción de los comentaristas. Del mismo modo, localicé en hemerotecas digitales numerosos reportajes e incluso crónicas deportivas de la época en medios fundamentales como el New York Times y las traduje y estudié. Así fue más fácil conocer la historia de Tyson y su procedencia, los vericuetos que acabaron desembocando en el célebre y tristísimo mordisco a Holyfield e incorporar expresiones «auténticas» a la retransmisión del combate que narro.

Lo más destacado del libro es el tono experimental e irreverente que posee la prosa de estos relatos.

Creo que es la línea que he venido siguiendo desde siempre como vocación personal de estilo. Lo fácil es escribir como todo el mundo hace, narrar sin asumir riesgos, pero eso, en primer lugar, me resultaría sumamente aburrido y, por otro lado, me convertiría en un farsante. Tanto en mis textos literarios como en mis artículos de opinión me he mojado y posicionado siempre y creo que es una seña de identidad. Eso sí, no soy un frívolo: al final de la lectura siempre está la búsqueda de la mejor literatura que pueda ser capaz de regalar al lector.

¿En qué medida este libro está relacionado con «A la velocidad de la noche»?

Formalmente, los relatos siguen la línea de la novela, el uso del lenguaje y sus herramientas literarias al servicio de buenas historias. Hay numerosos guiños en «El mordisco de Tyson» a mis obras anteriores. «El desertor II» es la segunda parte de otro de «Bulerías Nazis»; uno de los personajes de otro cuento es un componente del grupo Saurom, a los que hice la biografía «Leyenda de Juglares»; aparte de otros guiños evidentes para quién me haya leído. En cuanto al fondo, por otro lado, el relato titulado «X» es un «spin off» de «A la velocidad de la noche». Trata de uno de los personajes de la novela, un abogado penalista que tiene gran éxito en la vida y que gana todos sus juicios y explico el porqué. Es un relato bastante picante, por cierto.

Homenaje a Sherlock Holmes

La telerrealidad está presenta en uno de los cuentos. También hay guiños al terror e, incluso, a Sherlock Holmes.

«Telerrealydead» es uno de mis relatos favoritos: trata de un concurso televisivo en el que los concursantes viajan en el tiempo hasta las Torres Gemelas de Nueva York el 11-S, una hora antes de que el primer avión impacte contra ellas. Es una historia atractiva e irreverente que perfectamente podría haber sido un episodio de «Black Mirror», aunque, curiosamente, cuando la escribí no había visto la serie. Sherlock Holmeses uno de mis personajes favoritos de ficción (y digo esto porque mucha gente cree que existió realmente), y lo homenajeo en una historia de terror en la que el famoso detective se levanta de su tumba convertido en vampiro y decide investigar quién fue el que lo asesinó. Es un relato corto pero muy intenso y en él sale también el doctor Watson, lógicamente.

¿Cómo le ha ayudado su profesión de abogado en su otro oficio, el literario?

Al margen de conocer a todo tipo de personajes susceptibles de convertirse en literarios e historias extravagantes la abogacía me ha permitido aprender a escribir con rapidez y a planificar mis textos mentalmente. Estar sujeto a plazos procesales hace que los abogados tengamos una especial habilidad para arrojarnos al folio o pantalla en blanco como si fuera una piscina en agosto. Esto me ha venido muy bien porque dispongo de poco tiempo para dedicar a la literatura si me comparo con otros escritores que están «liberados» o «a media jornada» y el hecho de ser rápido al escribir me ha permitido tener un buen ritmo creativo, con independencia de tener luego que corregir y revisar los textos como todo el mundo.

¿Qué piensa de la actual generación de escritores gaditanos que están destacando, sobre todo, en el terreno de la novela negra?

Que son gente que ama la literatura y está luchando por alcanzar un estatus anteriormente vedado para los del sur de España. Tenemos varios exponentes: Jesús Cañadas, que ha oscilado entre varios géneros recibiendo premios por ellos; Benito Olmo, que incluso se ha mudado a Madrid para centrarse en la literatura, y Daniel Fopiani, el más joven de todos ellos, que es un verdadero apasionado de la lectura, lo que se le nota en sus novelas. Lo más importante es que son buena gente y les auguro grandes éxitos en el futuro. La crisis del sector editorial ha coincidido con la aparición de grandes talentos literarios.

¿Qué va a encontrar el lector en la nueva novela que está preparando?

Estoy dándole forma a una novela que mezcla la acción con la historia y trata de un enfrentamiento bélico datado que la gente jamás pensó que pudiera haberse producido. Es una obra más reflexiva e introspectiva pero sigue teniendo la chispa irónica y el gusto por la violencia de mis libros anteriores. Además, me arriesgaría a decir que es lo mejor que he escrito hasta el momento. Ya veremos.

¿La literatura sin el riesgo no merece la pena?

Yo no voy a caer en el error de pontificar pero sí puedo hablar sobre mí. El riesgo es connatural en mí como escritor. Si acudo a lugares comunes y confortables no sería yo. Me encanta innovar, provocar al lector, hacerlo partícipe de mis historias con guiños, cinismos e ironías. Cada libro mío es, en realidad, una vuelta de tuerca al anterior y lo es porque para poder escribirloha de ser algo que yo leyera si lo escribiera otro. Y no leo cosas cobardes y poco arriesgadas, ergo...

¿Qué libros ha disfrutado últimamente que pueda recomendar?

El libro que más me ha gustado, con diferencia, en los últimos tiempos, ha sido «Ordesa», de Manuel Vilas. Yo no soy el típico lector aborregado que va a comprar el best-seller del que todo el mundo habla, pero reconozco que Vilas ha creado una obra maestra que me ha recordado, en cierto sentido, a Manuel Vicent y a Rafael Chirbes. Es poesía de la buena inundando una novela de cierto tamaño. Todos los reconocimientos que ha recibido son totalmente merecidos. Aparte, hay otros autores que no conocía y con los que he disfrutado mucho como son Lucia Berlin, Jon Bilbao y Susan Sontag. Me gustaría recomendar un reciente descubrimiento: David Luna Lorenzo. Tiene varias novelas de ci-fi que son de lo mejor que se ha escrito en los últimos años.

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